Todos a brindar: Nasty Mondays celebra 12 años, y hay que darlo todo.
Tú y yo hemos quemado suelas y nos hemos desbordado el gaznate de pura euforia lunes tras lunes en Sala Apolo, hambrientos como lobos de más y más hits rockeros de esos que nos sirven siempre Sören y Mad Max. Estos dos animales escénicos llevan desde 2005 consiguiendo que el peor día de la semana se vuelva el mejor, convirtiendo cada lunes Barcelona en la ciudad del rock.
Con cada golpe de vaso en la barra, los focos parpadean y llegan fogonazos con los recuerdos de esta hermosa melopea que dura años. Hemos bailado con colegas del barrio y gente de la otra punta del mundo, y hemos visto y vivido cosas que solo otro Nasty Maniac podría creer: el escenario invadido por coches 60’s, bicis BMX, pinballs ochenteros, robots retro, neones locos, explosiones de luz, botes histéricos haciendo retumbar la pista, cinturas cimbreándose, cuero, melenas, tatuajes, rubias, morenos, morenas, rubios, perspicacia, sexualidad, pibones, besos, excesos,… Hay quien ha encontrado al amor de su vida en los Nasty, y hay quien no tiene ni idea de cómo empezar a ligar si no es en el santuario caliente de los Anti DJ’s Mad Max y Sören.
Como toda buena fiesta, la cosa acabó por alargarse, y así nacieron los Crappy Tuesdays, donde el punk y el rock se revuelcan con beats de electrónica actual, y las fiestas Cupcake de los jueves, un salto histérico entre hits de todas las épocas. Mil y una noches de música y juerga, y a todas y cada una de ellas hemos ido a divertirnos, nunca a posar.

Pero la cosa ya va más allá de la fiesta. El espectáculo ha dado lugar a otro espacio, Nasty Garage, un templo del coleccionismo vintage que hace las veces de museo de skate, club de pinball y motos, sala de exposiciones y lo que vendrá. Desde ese cuartel general, el underground a contracorriente sigue hirviendo cada día, y el mensaje se extiende en eventos como una jornada de surf que se compagina con una recogida de basura en la playa. Todo por vivir la camiseta, sentir unos valores.
12 años y contando. Lo importante es seguir rodando, la leyenda continúa. Nasty Mondays y Nasty Garage han sabido hacer de una afición una tremenda adicción. Y claro, queremos más. Tú, yo, y todos esos  chicos y chicas salvajes que bailan con guitarras.
Tenemos una fiesta, y hay mucho que celebrar. Así que sirve otra. ¡Luces! ¡Guitarras! ¡Rock action!

Albert Fernández, periodista musical